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miércoles, 27 de noviembre de 2013

Breve historia de la imprenta

Se considera imprenta cualquier medio mecánico de reproducción de textos en serie mediante el empleo de tipos móviles. Es diferente a la xilografía, grabado en madera sobre una sola plancha. Ambos son inventos nacieron en China, aunque estos no llegaron a extraer a la imprenta todo el rendimiento que era capaz de ofrecer. En cualquier caso, dada la incomunicación existente entre Oriente y Occidente, puede considerarse que su reinvención en el siglo XV es su verdadero nacimiento.
Johannes Gutenberg
En la actualidad está reconocido de forma prácticamente universal que fue Johannes Gutenberg (1398- 1468) el primer impresor europeo. Pertenecía a la familia de los Gensfleisch (Gutenberg era un apodo)
famosos orfebres de Maguncia. Poco se conoce sobre su vida, que fue agitada y turbulenta. Hacia 1450 aproximadamente publica su primera obra, la llamada Biblia de las 42 líneas o de Mazarino, por haberse encontrado el primer ejemplar en la biblioteca de este cardenal. Otras obras suyas fueron el Salterio de Maguncia (primera obra con fecha de impresión, nombre de los realizadores y hasta marca de imprenta: escudos con las iniciales de sus impresores colgando de una rama de árbol) o la Biblia de las 36 líneas.
La invención de la imprenta marcó el fin de un largo aprendizaje de la escritura en Occidente. Las invasiones bárbaras que se iniciaron en el siglo V habían paralizado el comercio en el oeste de Europa y trajeron una vuelta a la cultura oral en lugar de la cultura literaria del mundo romano. A partir de las Cruzadas, Occidente empezó a adquirir nuevos recursos de capital intelectual. Se fundaron universidades como las de París, Bolonia, Oxford y Cambridge.
Al igual que un individuo que aprende a leer y escribir, la Europa occidental adquirió las artes literarias sólo después de un lento y doloroso proceso. Durante mucho tiempo, el hombre de letras medieval, como su antepasado romano, no conocía ninguna alternativa a leer el texto en voz alta o al menos, murmurando. Memorizar textos sagrados era en parte una disciplina muscular para los monjes que meditaban sobre ellos. Los manuscritos de la época estaban mal puntuados, o, en todo caso, puntuados no tanto para indicar la división lógica del texto si no para servir de guía para leerlo en voz alta.
En la difusión de la imprenta se aliaron dos factores ajenos por completo a ella: las guerras civiles en Alemania (que forzaron a la diáspora a muchos impresores) y el auge experimentado por las rutas comerciales europeas, vías de intercambio de bienes materiales y culturales. Esto explica la desigual, aunque progresiva diseminación de la imprenta por toda Europa, como un virus imparable. La expansión del conocimiento y su producción material ya no serán lo mismo a partir de ahora. La imprenta fue la primera revolución tecnológica de gran calado que, al modificar la recepción y relación de los ciudadanos con los textos escritos, abrió la puerta a todas las revoluciones posteriores (ya sean religiosas o políticas).
Imprenta de Gutenberg
El siglo XVII es un siglo de crisis económica, provocada por los largos conflictos bélicos que consumieron los recursos de las potencias europeas. Los enfrentamientos religiosos hicieron desaparecer la idea de la unidad de Europa, especialmente tras la Guerra de losTreinta Años, que consolida la división del continente entre católicos y protestantes. Este hecho motiva que el latín pierda vigencia a favor de las lenguas nacionales.
A pesar de la decadencia generalizada, en España, Francia e Inglaterra las literaturas nacionales viven momentos de esplendor. El llamado Siglo de Oro, lo es por la obra de autores como Cervantes, Lope, Quevedo, Shakespeare o Racine. También es el momento en el que se desarrollan más otros campos del conocimiento como Física, Astronomía o Matemáticas. Surgen científicos como Bacon, Galileo o Descartes que se desvinculan de la Iglesia y las universidades para desarrollar su investigación en ámbitos profanos como academias o sociedades.
Las causas de la crisis editorial se deben a:
·          Crisis económica provocada por las continuas guerras.
·          Imposición de rígidas políticas y religiosas tanto en el ámbito católico como en el protestante. El libro comienza a ser visto como transmisor de ideas peligrosas. Disminuye el comercio de libros y florece el mercado negro.
·          Persistencia de los monopolios para la edición de libros en países como España o Inglaterra.
·          Imposición de fuertes gravámenes tanto a la producción editorial como a importaciones. Esto debe sumarse a la censura y a ciertos tratos de favor que repartían discrecionalmente los gobernantes.
Amsterdam toma el relevo de Venecia y Florencia como capital mundial del libro. La familia Elzeviro (o Elsevier) serán los impresores más importantes de la época. Esta dinastía de impresores comienza a trabajar en segunda mitad del S. XVI. Los Elzeviro responden más al perfil de empresarios que al de editor humanista y erudito de la etapa anterior, preocupándose de crear una buena red comercial para vender sus productos. Su éxito radicaba en una original combinación: copiar las fórmulas del pasado (libros en pequeño formato a buen precio) añadiendo innovaciones en el modelo de negocio (vendían tanto su propia producción como la de otros impresores).
La decadencia generalizada y las convulsiones políticas también afectaron a las bibliotecas. Fueron frecuentes la destrucción de libros y bibliotecas, la dispersión de muchas de ellas y los cambios de dueño. Por ejemplo, la Biblioteca Palatina de Heidelberg fue enviada a Roma por Maximiliano de Baviera como trofeo de guerra.
Paradójicamente, en este periodo surge el embrión de lo que más tarde serán las bibliotecas públicas. Fueron bibliotecas creadas por burgueses que veían positivo emplear su riqueza en poner al servicio de los hombres el conocimiento acumulado en los libros. Sin llegar a ser auténticas bibliotecas públicas, se abren a todo tipo de lectores, sobre todo estudiosos y eruditos, sin distinción de usuarios en cuanto a los requisitos previos para la consulta de los fondos. Por primera vez se establecen horarios de acceso público, legalizándose el derecho de acceso a la lectura sin tener que cursar previamente una solicitud. Bajo estas premisas se abrieron la Biblioteca Angélica, la Biblioteca Ambrosiana o la Biblioteca Mazarina.
Otro aspecto fundamental de este período fue el nacimiento de la figura del bibliotecario profesional, como el francés Gabriel Naudé (1600-1653), lo cual favoreció la conversión de las bibliotecas en instrumentos de trabajo al servicio de la alta cultura. Se asientan las técnicas bibliotecarias, como consecuencia del incremento de las colecciones. Surgen necesidades inéditas de control y ordenación. El bibliotecario no asume sólo la responsabilidad de comprar los libros, sino que también asesorará al lector. El libro es más valorado ya por su contenido que por su aspecto. Deja de estar encadenado a pupitres y bancos, para pasar a estar protegido por mallas en estanterías.
El libro fue convirtiéndose inexorablemente en una mercancía producida en masa. Al convertirse en una mercancía comercial, la imprenta dio al editor-vendedor un nuevo papel en el corazón de las redes de comunicación: la de escoger qué textos multiplicar por medio de la impresión. Esto es expuesto por Néstor García Canclini cuando dice que “La concentración de las editoriales clásicas en grupos empresariales manejados por gestores del entretenimiento masivo hace que se publiquen menos títulos (sólo los de alta tirada) y elimina los que se venden lento, aunque lleven años en catálogo, sean valorados por la crítica y tengan una salida constante”.


Luca Cuenca

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