Internet se desarrolló,
originalmente, en el seno de las universidades
y de los laboratorios americanos que trabajaban sobre proyectos
militares. Enseguida desbordó ese estrecho marco, pero permaneció en el
interior de la comunidad académica, bajo la batuta condescendiente de la
National Science Foundation. Sin plan de desarrollo, sin estudio de mercado,
internet permitió que se desarrollaran nuevas formas de comunicación y que los
participantes hicieran la experiencia de los problemas ligados a la libertad de
expresión en las redes.
Los primeros desarrollos de
internet nacen de la desigualdad del desarrollo informático de diversas
universidades asociadas en el seno de un programa de investigación militar. Los
investigadores deseaban compartir las capacidades de tratamiento de las
computadoras más poderosas. Diseñan entonces programas que les permiten acceder
a los recursos deseados. En 1969, la Universidad de Stanford y la Universidad
de Utah son así ligadas a través de un nodo instalado en la Universidad de Los
Ángeles (UCLA). Esos trabajos sirven a los intereses del Pentágono, que desea
poner a punto una cerrada red de comunicación entre ordenadores que trabajan
para la defensa, a fin de estar al abrigo de un ataque nuclear. Esa red se
llamará Arpanet (Advanced Research Project Agency).
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| Mapa lógico de ARPANET, marzo de 1977. |
En el curso de los años
siguientes, el desarrollo de lo que se va a convertir en una enorme red de
comunicación, reservada a la comunidad académica pero muy pronto abierta al
exterior y a temas de conversación no profesionales, confronta a los inventores
del sistema con la necesidad de tomar decisiones técnicas y organizacionales en
función de lo que se representan como el uso legítimo de la red. Una de las
primeras cuestiones que se plantea es la de la libertad de palabra: ¿Hasta que
dónde puede autorizarse la libertad de expresión? ¿Cómo son elegidos los que
vigilan la red? ¿Puede elaborarse un funcionamiento democrático de la red?
Todas estas preguntas están estrechamente ligadas a opciones técnicas y permiten abordar ese
fenómeno nuevo: una red de comunicación que se desarrolla enteramente fuera de
un marco reglamentario, porque funciona en el interior de un medio profesional
preciso y está controlado por un grupo particular, los informáticos.
En 1984, el costo de los módems
bajó, el número de informáticos utilizando los programas de interconexión
aumentó y para sorpresa de sus fundadores, la red que comprende en adelante mil
servidores, se extiende sobre todo el continente americano y tiene incluso prolongaciones
internacionales. El Departamento de Defensa decidió que la red estaba saliendo
demasiado de su control y generando fisuras en su seguridad, por lo que dividió
ARPANET en MILNET para su parte militar y ARPANET-Internet para la investigación,
la que pasó a estar bajo control de la National Science Foundation (NSF).
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| Antiguo logo de la World Wide Web |
En 1990 Tim Berners-Lee crea la
World Wide Web (red mundial), una aplicación que permite compartir información
con facilidad, sin necesidad de ser un experto. Este software hace básicamente
tres cosas: indicar la dirección en un disco rígido conectado a la red (o
servidor) en el que se encuentra la información (Uniform Resource Locator o
URL), ofrecer un lenguaje simple que permite la generación de hipertexto (HTML o HyperText Markup Language) y establecer un protocolo que permite el
intercambio de información (HyperText Transfer Protocol o HTTP). Más tarde
Berners-Lee junto a Robert Cailliau crean el navegador-editor de páginas web
que permitió acceder a la información con un click. Fue gracias a estas
innovaciones que internet explotó. El mundo comercial comenzó a comprender el
potencial económico de la red y su utilidad para las empresas.
La internet fue creciendo
incesablemente hasta llegar a los 2.400 millones de usuarios con los que cuenta
en todo el mundo, entre ellos 24 millones en Argentina. Como expone Canclini,
las redes sociales cambiaron los modos de ver y leer, las formas de reunirse,
de hablar y escribir, de amar y saberse amados a distancia, o acaso imaginarlo.
Otras formas de ser sociedad y de hacer política emergen en las movilizaciones
relámpago o flashmobs. Convocadas por correo electrónico o por móviles,
reivindicaciones desoídas por organismos internacionales, gobiernos y partidos
políticos logran coordinación y elocuencia fuera de los medios.
Internet revolucionó las relaciones humanas y
los medios de comunicación. Pero su logro más importante fue revolucionar la
escritura. Walter Ong expresa que la imprenta y la computadora son, todas
formas de tecnologizar la palabra.
Puesto que en la actualidad ya hemos interiorizado la escritura de manera tan
profunda y hecho de ella una parte tan importante de nosotros mismos, nos
parece difícil considerarla una tecnología, como por lo regular lo hacemos con
la imprenta y la computadora. Sin embargo, la escritura (y particularmente la
escritura alfabética) constituye una tecnología que necesita herramientas y
otro equipo: estilos, pinceles o plumas; superficies cuidadosamente preparadas,
como el papel, pieles de animales, tablas de madera; así como tintas o pinturas
o pinturas, y mucho más. En cierto modo, de las tres tecnologías, la escritura
es la más radical. Inició lo que la imprenta y las computadoras sólo continúan:
la reducción del sonido dinámico al espacio inmóvil; la separación de la
palabra del presente vivo, el único lugar donde puede existir las palabras
habladas.
Luca Cuenca


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